Las crisis de pánico (CP) afectan a un número importante de la población. Se presentan tanto en hombres como mujeres pudiendo aparecer a cualquier edad. Aunque no revisten un riesgo vital para el que las sufre, son extremadamente desagradables y pueden interferir con la vida cotidiana del que las sufre, llegando en ocasiones a "aislar” al paciente del medio que lo rodea , para evitar sufrirlas en público.
La causa de las CP no está completamente determinada, pero influyen factores ambientales (por ejemplo stress laboral, stress académico, problemas anímicos previos, etc.) y factores genéticos ya que hay gente que tiene cierta pre-dispocisión a padecer estas crisis. Muchas veces, en una persona con susceptibilidad genética a las CP, una vez enfrentado a suficientes situaciones estresantes, comienza a presentar CP.
Las CP pertenecen al grupo de trastornos de ansiedad. La ansiedad, en términos simples, es la permanente sensación de nerviosismo y/o tensión frente a diferentes estímulos. Por ende, la ansiedad es normal en muchas situaciones: cuando uno va a dar un examen, cuando uno está dando una charla frente a mil personas, cuando uno se casa en la iglesia, etc. Esos casos son normales y todos los hemos vivido en más de una ocasión. ¿Cuándo deja de ser normal la ansiedad? , cuando esta presente todo el día e interfiere con nuestra vida cotidiana, muchas veces sin haber una causa que lo justifique. Las crisis de pánico son una forma aguda de ansiedad, osea, ansiedad en crisis, las cuales pueden venir ocasionalmente o varias veces al día.
Los síntomas aparecen de manera súbita, son muy desagradables y los más frecuentes son: palpitaciones, latidos intensos, o aceleración del pulso, sudoración, temblor o calofríos, sensaciones de falta de aire o sofocación, sensación de ahogo, malestar o dolor torácico, náusea o malestar abdominal, mareo, inestabilidad, "vacío en la cabeza" o desmayo, desrrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (sentirse despegado de sí mismo), temor a perder el control o enloquecer, temor a morir, oleadas de frío o calor, etc.
Como toda enfermedad, lo adecuado es tratar estas crisis. Hay gente que muy a lo lejos las sufre y puede tolerarlas sin tratamiento específico, pero lo frecuente es que el paciente termine consultando por un tratamiento específico. Hay dos alternativas terapéuticas: la primera y más simple es el uso de fármacos que disminuyen la ansiedad (ansiolíticos) como las Benzodiazepinas (Alprazolam, Clonazepam, Clotiazepam, Ketazolam, etc.) o Buspirona. En muchos casos se agrega un antidepresivo con propiedades ansiolíticas para potenciar el efecto de la Benzodiazepina. Los antidepresivos más utilizados en CP son el Citalopram, Escitalopram, Paroxetina, Sertralina, etc.
La otra alternativa de tratamiento es la psicoterapia, que busca la causa o causas que hacen al paciente tener las CP y les enseña a superarlas sin necesidad de fármacos. Tanto la alternativa farmacológica como la psicoterapéutica son igual de buenas y finalmente el paciente y su médico tratante deberán definir cual eligen. Es más, en muchos casos se combinan la psicoterapia con la farmacoterapia.
Lo importante es entonces saber reconocer si uno está sufriendo de crisis de pánico y si es así, consultar con su neurólogo o psiquiatra para iniciar un tratamiento efectivo. Con un buen tratamiento la inmensa mayoría de los pacientes logra una mejoría completa y vuelve a su vida normal.
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